Gritamos?!
Y yo que pensaba que esas cosas ya no pasaban…
Iba hacia la estación de tren, rumbo a realizar mis prácticas, cuando me crucé con todo de niños y niñas la mar de contentos cuando salían del colegio y se reencontraban con sus madres. Pero a toda regla, siempre hay una excepción; pasada la gran concentración de niños y niñas que se reunían con sus mamas, me fijé, y me fijé no porqué yo quisiera, si no, porqué era (casi) imposible no prestar atención a semejante cuadro, y es que, había una madre con su hijo: Imagino que el niño estuvo un buen rato (ya sabemos como de insistentes pueden ser los niños) pidiendo puedestúimaginarqué a su mamá, a lo que ésta, y ya sin nada de paciencia empezó a gritarle (pero a gritar en plan me-voy-a-dejar-la-garganta). Viendo tal espectáculo dejé de pensar, estaba asombrada, ¿por qué iba una mujer a gritar como lo hacía aquélla en medio de la calle dando el número? Sólo cabe pensar que el niño es realmente muy pesado, porqué gritar y “amenazar” con dejarlo con los abuelos no tiene demasiado sentido si no…